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domingo, 27 de agosto de 2017

Cartas a Samira (7)



Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Yassin al-Haj Saleh

Fecha: 27/08/2017




Libertad para Samira Kalil
(Diseño: El pueblo sirio conoce su camino)

Sammur, ¿recuerdas que estaba a punto de mudarme a mi primera casa en Estambul? Entré en ella cuatro días después de tu secuestro y estuve unos 21 meses en ella. Llevo unos dos años en otra casa. Ambas son relativamente amplias, más o menos como nuestra casa en Qudsiya, así que siempre puedo alojar a una pareja y, si es necesario, a tres personas. Ambas están amuebladas y las conseguí gracias a amigos y no por medio de agencias inmobiliarias. En este sentido, no he tenido que hacer frente a las dificultades a las que se enfrentan la mayor parte de los sirios, tanto familias como jóvenes independientes.

Ambas son viviendas, pero no hogares, Sammur. Resido en ellas como si fuera  un estudiante universitario en una ciudad desconocida, donde tengo libros, ropa y dos ordenadores. También tengo dos cuadros tuyos, y regalos que te he comprado en las ciudades que he visitado o que me han enviado amigos. Eras tú quien hacía de las residencias en las que vivíamos en Qudsiya, hogares. En tu ausencia, he vuelto a ser el salvaje itinerante que era antes.

Sin embargo, he podido trabajar en condiciones adecuadas en ambas casas en Estambul. El trabajo no solo me ha ayudado a soportar tu ausencia, Sammur, sino que también me ha ayudado a mantenerme equilibrado (espero no estar muy equivocado en esto) y con una salud razonable. He tenido muchísima ayuda de amigos y amigas, sirios y turcos. Sin ellos, la situación sería incomparablemente más difícil. Son compañeros de trabajo y de causa, y de otros aspectos de la vida cotidiana. 

Los sirios, que son cerca de 400.000 en Estambul, residen en barrios muy diversos: los pobres en barrios más pobres; los que trabajan, más o menos cerca de su lugar de trabajo; los conservadores, en barrios conservadores; los y las jóvenes independientes de clase media, en barrios “cosmopolitas”, donde vive gente como ellos, turcos y extranjeros. La primera casa en la que viví estaba en un complejo residencial en un barrio de clase media; la segunda está en un barrio un poco más popular, aunque es mixto. Lo gracioso es que la primera casa era de una mujer turca, novelista y profesora de yoga, que vive en EEUU; la segunda, es de una mujer estadounidense que vive en Turquía.

Sigo sin conocer más que un poquito de Estambul, Sammur. La ciudad es enorme y tiene 18 millones de habitantes. Incluso a quienes han nacido en ella les cuestas conocer algunas de sus zonas y barrios, así que imagina cuando son extranjeros que vienen a una edad relativamente tardía. Apenas he encontrado tiempo para dedicarlo a pasear por la ciudad o incluso visitar sus grandes hitos. Mis amigos y yo mismo me reprueban el hecho de que no habría visitado Santa Sofía, ni la Mezquita Azul, ni la cisterna si no hubiera sido por la visita de Farouk Mardam Bey, el amigo al que no había conocido en persona hasta que vino a Estambul. Acompañé al querido Farouk, que ama el turismo histórico, y que lee sobre lo que visita antes de visitarlo, en sus paseos en sus dos visitas a Estambul. Farouk, que vive en Francia desde hace más de medio siglo, fue mi guía en la ciudad en la que vivo hace cerca de cuatro años.

La cisterna es un enorme contenedor de agua bajo el suelo, y fue lo que más me gustó de la ciudad antigua. Fue construida en el siglo VI d.C. para proveer a la ciudad de agua en tiempo de asedio (te lo ruego, Sammur, no tomes mis datos arqueológicos como algo contrastado y correcto). En el contenedor hay ingentes columnas de piedra. La base de dos de ellas son cabezas de Medusa, un ser mitológico femenino cuyo pelo está conformado por serpientes agitadas. La leyenda dice que quien la mira se convierte en piedra. En ese lugar la costumbre es que los visitantes lancen una moneda y deseen algo desde el corazón.

Lancé la moneda, y no deseé otra cosa que tu regreso sana y salva, Sammur. Mis lágrimas corrieron en esa pieza arquitectónica húmeda y oscura como suelen hacer, y el noble Farouk hizo como si no hubiera visto nada.

La zona que más conozco de Estambul es Taksim, el corazón de la parte europea de la ciudad. Taksim (en turco se pronuncia con kaf y no con qaf como en árabe[1]) es el nombre de una gran plaza tomado del sistema de reparto de agua por los barrios de la ciudad en otros tiempos. En la plaza hay una estatua de Mustafa Kemal Atatürk con uniforme militar entre un grupo de guerreros y líderes militares. Las imágenes y estatuas de Atatürk están por todo Estambul y Turquía, Sammur, pero no he visto que sus estatuas sean tan desagradables como las estatuas de Hafez al-Asad. En sus imágenes y estatuas parece “el conquistador”, pues ese es su apodo, en posición de actuación, enfrascado en alguna acción, como puede ser bebiendo arak. De verdad que tiene imágenes en las que bebe arak y lo cierto es que este bebedor murió de cirrosis antes de cumplir los sesenta. Frente a ello, Hafe, aparece siempre congelado en sus estatuas, como “un coco” que alienta el miedo de los sirios, y cuyo único propósito era provocar pánico y paralizar la voluntad de los gobernados atemorizados por una autoridad que se ama a sí misma hasta ese nivel. Aún más, las estatuas de Atatürk se levantaron tras su muerte, mientras que Hafez fue quien repartió copias de sí mismo por todas partes en la desgraciada Siria. Lo más importante, Sammur, es que es muy habitual ver estatuas de Atatürk rodeado de gente, mientras que, como sabes, Hafez siempre estaba solo consigo mismo en todas sus estatuas. Observando sus estatus, Hafez ejercía la autoridad del déspota único cuya esencia es el miedo. Por su parte, Atatürk, que fue un gobernante nacionalista y autoritario, cuyo régimen cometió muchos crímenes, aparece, a pesar de todo, practicando la vida.

La plaza de Taksim se parece a una especie de lago del que nace una calle muy conocida de Estambul: la calle Istiklal. Es de veras un río de gente, y en especial las tardes de viernes y sábados (los festivos semanales en Turquía son el sábado y el domingo), cuando se calcula que pasan por dicha calle tres millones de personas en un día. En mis primeros días y meses en Estambul solía gustarme esa calle, y en especial, ver a las chicas (ligeras de ropa en verano) y los chicos trasnochando hasta altas horas en el fin de semana en bares y restaurantes esparcidos por la calle Istiklal. Istiklal me parecía la calle del amor y los jóvenes. Ahora parece más una calle comercial, en la que no se ha detenido el río humano que discurre por ella. Pararse es poco deseable, por no decir que es casi imposible. En la calle no hay cafeterías ni bares populares, ni salas de cine, ni centros culturales que los peatones puedan ver o hacerles detenerse. Hay tiendas de ropa, algunas de marcas conocidas internacionalmente, y restaurantes de comida rápida, pero no para sentarse. También hay restaurantes de comida turca que se ve desde fuera, lo que permite elegir los platos que se desean y llevarlos en una bandeja a una mesa en el interior.

No obstante, la abarrotada calle Istiklal es famosa por la música callejera, incluidos músicos sirios que cantan, con sus instrumentos, canciones populares sirias y árabes, y a los que los viandantes dan algo de dinero. Mi impresión es que los músicos sirios son queridos y a su alrededor se concentra más público que en otros casos. Los que los rodean a veces son árabes, que los graban y disfrutan con sus canciones. Hay grupos de música muy diversos, incluidos algunos de Perú con trajes indios típicos: no llevan una pluma en la cabeza, sino ¡toda una corona de plumas!

Los músicos son los únicos que hacen que la gente se detenga un instante y reducen la velocidad de movimiento de la abarrotada calle que conduce a la gente como por carretera. Si la calle Istiklal fuera un poco más lenta, sería mucho más bella.

En todo momento escuchas árabe en las calles, especialmente árabe sirio, y en verano escuchas y ves a muchos turistas del Golfo y de Líbano.

En las calles que salen de Istiklal hay más vida: cafeterías, bares, restaurantes, y mesas en las aceras. Las escenas de jóvenes sentados en las cafeterías, tomando cervezas y té, están llenas de vida y alegría. El conocido café turco, que se llama así también en la propia Turquía y en Europa, no merece la fama que tiene ni el nombre del café en mi opinión. Yo digo que se come, pero no se bebe, pues es denso y la mitad son posos. Nuestro café sirio sabe mejor en mi opinión, y por supuesto, el mejor café era el que yo te preparaba: lo ponía en el agua fría y esperaba que entrara en ebullición a fuego lo más lento posible durante bastante tiempo.

En estas pocas calles que conozco he paseado y pensado en ti, Sammur, y te he descrito en mi interior lo que veía. Me he sentado solo o con amigos, pero estabas presente en mi mente y entre nosotros en todo momento.

Estás también conmigo cuando cruzo el Bósforo hacia la orilla asiática. Allí también hay zonas que se parecen a Taksim, como la zona de Kadiköy (Qariat al-Qadi, la aldea del juez), que conozco algo menos que Taksim, pero que parece menos comercial que la calle Istiklal, y con un ritmo menos frenético. Ahí se encuentran los mejores restaurantes de pescado. Parece que los artistas, jóvenes, y grupos culturales variados (teatro, grupos musicales, exposiciones artísticas) prefieren esa parte de la orilla asiática a Taksim en la zona europea.

Hay tres puentes que unen las orillas asiática y europea, pero prefiero moverme en los barcos que salen cada media hora desde más de un punto. El trayecto dura unos quince minutos y la ciudad, en sus pliegues, se ve muy bella y vacía la mente.

Espero que podamos pasear pronto por todos esos lugares juntos, Sammur.

Besos, corazón mío. Solo cuídate, por favor.

Yassin

[1] Taqsim significa repartir o dividir en árabe.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Resistiendo ante Al-Nusra

El avance de las fuerzas de Hay'at Tahrir al-Sham, de la cual el antes denominado Frente de al-Nusra es parte fundamental, en la provincia de Idleb es evidente. No obstante, es precisamente en esa provincia donde se están viendo los mayores avances en materia de derechos civiles y representación política civil gracias a las asociaciones que se niegan a doblegarse al control militar. Un ejemplo muy reciente lo tenemos en la propia ciudad de Idleb. A continuación, se reproduce el contenido de dos documentos: el primero es una carta dirigida al consejo local por los poderes de facto en la región en que se solicita la transferencia de competencias; el segundo, la respuesta oficial del consejo local.





Al Consejo de la ciudad de Idleb

La paz y la misericordia de Dios sea sobre vosotros:

A la luz de la fusión de la Administración de Idleb (antes Administración al-Fath) con la Administración Civil de Servicios, como parte de las acciones de cara al establecimiento de instituciones públicas unificadas y centrales, y la coordinación de esfuerzos para logar dicho fin, se os pide que se entreguen las siguientes competencias a la Administración Civil de Servicios:

1.       Los hornos (el horno occidental y el primer horno).
2.       La dirección de suministro de agua.
3.       La dirección de transporte.

Que Dios os lo pague.
Fecha: 28/11/1438 (20/08/2017)

Director de la administración civil de servicios, Muhammad Taha al-Ahmad. 



Comunicado

En el nombre de Dios el Clemente y Misericordioso:

La ciudad de Idleb ha sido y sigue siendo un baluarte firme contra la injusticia, que se resiste a romperse y que logró mantenerse tras liberarse [del control del régimen] sin un cuerpo civil que lo representara. Partiendo del sentido de la responsabilidad hacia nuestra gente, nuestros hijos no cejaron en su empeño de debatir con todos los componentes de la sociedad para la formación de un cuerpo civil. En dichas conversaciones, se acordó la formación del Consejo de la ciudad por medio de sufragio directo.

Las elecciones transcurrieron con total transparencia y en presencia de medios de comunicación e inspectores.

Nació así el primer consejo civil elegido en libertad, el 17 de enero de 2017, para representar a los habitantes de la ciudad: un consejo que viviera la realidad de la gente, se comunicara con ellos, se encargara de sus finanzas, dolor y preocupaciones, y fuera responsable ante Dios y ante ellos. El consejo de la ciudad de Idleb reitera que es soberano, libre, electo e independiente de todos los cuerpos, organizaciones y formaciones políticas y militares.

Nuestra gente en Idleb y en todas las zonas liberadas, por no decir en toda Siria, donde nuestra revolución pasa por diferentes puntos de inflexión política y militar muy peligrosos, invitan a quienes se han apresurado a asumir responsabilidades por medio de la usurpación a que asuman la responsabilidad, y estudien la realidad de forma imparcial y valiente, a fin de adoptar una decisión correcta, que le evite a la zona el peligro que le acecha, y se someta a la confianza del pueblo y su administración.

A tenor de lo comentado anteriormente, queremos insistir en lo siguiente:

1. En los últimos tiempos la Administración Civil de Servicios/Administración Central ha adoptado resoluciones y ha dado pasos acelerados y continuos especialmente en todo lo que concierne a las competencias del Consejo de la ciudad de Idleb, intentando someterla, por lo que eran decisiones unilaterales. La ciudad de Idleb no tiene objeción en transferir esas competencias a un organismo central a condición de que haya un gobierno civil independiente y reconocido.

2. El consejo de la ciudad de Idleb va a continuar con sus actividades y asume la responsabilidad que le confió la sociedad y, si Dios quiere, seguirá encargándose de las preocupaciones de la gente, defendiendo sus derechos y esforzándose por satisfacer sus necesidades.

Nuestra gente de Idleb, revolucionarios, sirios en todas partes,
el Consejo de la ciudad de Idleb seguirá con vosotros y en vosotros, sin retirarse ni ser retirado.

Consejo de la ciudad de Idleb
30 de Dhu al-Qa’da de 1438
22 de agosto de 2017

martes, 22 de agosto de 2017

Cartas a Samira (6)



Texto original: Al-Jumhuriya 

Autor: Yassin al-Haj Saleh

Fecha: 20/08/2017


Libertad para Samira Khalil
(Diseño: El pueblo sirio conoce su camino)


¿Qué hice cuando despareciste, Sammur? Como en todo, no puedo contarte muchas cosas. Lo dejo para cuando vuelvas.

Lo nuevo, además de que he seguido escribiendo como sabes e imaginas, es que he podido viajar a varios países europeos. Sigo sin tener pasaporte, Sammur, y para cada viaje hacen falta varios intercambios de correspondencia con la parte invitante, el consulado del país y el departamento turco de inmigración… Es agotador. Los viajes entre países se han convertido en un asunto político, más bien, de soberanía, cercado por peligros y seguridad, en concreto para los sirios. Los consulados que debes visitar para lograr documentos de viaje recuerdan a las sedes de la seguridad asadianas. Nuestra situación en el mundo, Sammur, es la continuación de la situación que teníamos en “la Siria de Asad”.

Sigo siendo, no obstante, de esa minoría afortunada de sirios que pueden viajar de vez en cuando y volver a su lugar de residencia. He ido a países europeos y no a países árabes o de otras zonas geográficas hasta el momento. Me invitaron a un país árabe hace aproximadamente un año, pero los servicios secretos del país en cuestión, que prometieron a un amigo que intentó mediar que me recibirían, ¡dijeron que querían verme al llegar al país! Me invitaron a una universidad en otro país árabe, ¡pero esperaban que yo mismo arreglase los problemas que causaba el hecho de que yo no tenga pasaporte!

Todos los viajes han sido para participar en actividades culturales e intelectuales relacionadas con la causa siria. Hoy es una de las grandes cuestiones mundiales, o quizá la más importante. Una cuestión que desafía las bases del pensamiento, la política y el sistema internacional vigente, y nos miran a nosotros, los que hablamos de ella, con una mezcla de consideración, enemistad y duda.

Al mismo tiempo, en nuestro país más que en ninguno, ves claramente la historia, ves el Estado en toda su barbarie y vanidad, y ves a la religión en su locura y mundanidad. Ves al mundo en su estrechez, amplitud y corrupción. Ves cómo personas y grupos se vuelven contra sí mismos y contra los demás, y ves una pasarela de máscaras de todo tipo: la esclavitud cuyo rostro va cubierto con la máscara de la liberación, el odio que lleva la máscara del amor, el sectarismo que se cubre con el velo de la patria, el asesinato que se autodenomina clemencia, la mentira que habla con la lengua de la sinceridad, el egoísmo que adopta el papel del altruismo y el sacrificio, y la ingenuidad que pretende ser justa… Todo lo que ves y oyes puede ser lo contrario de lo que dice ser. Si no fuera porque el corazón pesa en tu ausencia la reflexión sobre este mundo se habría revuelto y convertido en fuente de placer intelectual y, de hecho, sería una particular fortuna, a pesar de la desgracia general, vivir en un momento histórico como este. Creo que las grandes luchas incitan al pensamiento sobre la historia y el destino de la humanidad, y estamos en una situación así hoy, Sammur. Ojalá estuvieras a mi lado...

Lo nuevo también en relación a la escritura es que escribo sobre vosotros cuatro: sobre Razan y especialmente sobre ti. Escribir sobre ti no es solo un tema nuevo en mi trabajo, Sammur, sino que es lo que da espíritu a todo mi otro trabajo. No eres mi causa, Sammur: eres mi identidad.
Escribir sobre ti es una terapia para mí también, Sammur.

Tengo, como muchos refugiados sirios, “el complejo del superviviente”, el sentimiento de culpa que invade a quien se ha salvado de una desgracia de la que no se han salvado otros. En Al-Jumhuriya (claro que te acuerdas: sigue funcionando y sigo escribiendo ahí básicamente) un joven escritor habló de este complejo del que muy probablemente nunca había oído hablar antes, con una bellísima y concentrada expresión: ¡el shock de la salvación! “El shock de la salvación” es doble en mi caso, pues me salvé esta vez cuando muchos otros no lo hicieron, cuyo número sigue en aumento; pero especialmente porque tú no estás entre los que se han salvado. Es algo con cuya responsabilidad cargo yo solo y lo que más me debilita, Sammur. También es lo que he estado resistiendo por medio del trabajo, y para lo que los amigos, cada uno de los cuales tiene su propio complejo de superviviente en diferentes grados, son una enorme ayuda.

Incluso nuestros amigos turcos tienen cierto grado de ese sentimiento, que les anima a solidarizarse y participar con nosotros en diversas actividades culturales y de protesta. Su ayuda ha sido enorme en todo momento.

Lo que he intentado combatir durante cerca de cuatro años, Sammur, es rendirme a ese shock de la salvación. Creo que tiene al menos dos efectos destructores. El primero es que puede empujar al superviviente a detener el tiempo en el punto de “su salvación”; es decir, su salida del país en nuestra situación, lo que puede volverle después incapaz de ver el cambio de situación y condiciones de la lucha, y la necesidad de reformar los instrumentos para poder seguir con dicha lucha y mantener una posición liberadora en la misma. Creo que conozco casos de supervivientes de nuestra antigua lucha que no dejan de librar una guerra anterior que no libraron cuando debían. Sin embargo, después de que todo cambiara, que la libren ahora no tiene el mismo significado y no tienen la misma posición liberadora. Dan una sensación de antigüedad y de moda pasada. Es un destino que espero evitar, Sammur.

El segundo efecto del complejo del superviviente es que se detenga su capacidad de luchar en las nuevas condiciones de refugio y consuma su energía en quejarse y refunfuñar, o en culparse a sí mismo y al resto. Intento resistir el sentimiento de culpa que nace del shock de la salvación para poder seguir luchando, Sammur. Creo que lo que más destruye la capacidad de luchar es caer en las cadenas del sentimiento de culpa, que es el estado mental menos propicio para que podamos ayudar a quienes no se han visto afectados por nuestro shock de la salvación, o quienes están en peor situación que nosotros. No es sencillo. Lo sé por experiencia, Sammur: es lo más parecido a un sempiterno enfrentamiento que se renueva cada día y donde nunca ganamos la batalla, aunque la podemos seguir librando.

Tal vez ayude a orientarse en esta situación insoportable, Sammur, que un día estuve en la situación del no superviviente -me refiero a la cárcel- mientras que los compañeros y amigos tenían el shock de la salvación. En aquel momento tú también estabas en una situación parecida y no hay duda de que amigos y compañeros tuyos tenían una sensación similar. ¿Qué esperábamos de quienes se habían salvado cuando estábamos con la mayoría de nuestros compañeros en la cárcel? ¿Qué siguieran en la lucha de la que nos habían sacado? No en todos los casos, solo en la medida de lo posible y según su evaluación de la situación. ¿Queríamos que se rindieran al sentimiento de culpa y se reprocharan el tener el shock de la salvación y que no se libraran de ello más que siendo encarcelados con nosotros? Claro que no. Creo que lo que deseábamos de ellos era que se cuidaran y que cuidaran nuestra causa con sus personas y comportamiento. En las cárceles de Hafez al-Asad esperábamos que nuestros amigos cuidaran su dignidad, nuestra dignidad.

Eso es lo que intento hacer, Sammur. No intento solo cuidar tu dignidad, ni la dignidad de nuestra causa y mi dignidad propia, sino también, intento seguir en la lucha con herramientas que quizá son algo diferentes de las anteriores, pero que lo son para que podamos proteger nuestra causa mejor.

En ello no hay nada que satisfaga en una situación como la nuestra, la tuya y la mía, Sammur. Tú estás desaparecida tras unas fronteras estrechas y oscuras, y a mí me han lanzado lejos, fuera de las fronteras. No me basta. Mientras trabajo en la construcción de herramientas más útiles y de una posición más adecuada para que sigamos en la lucha después de perder la primera ronda de la revolución, intento hacer algo que tenga que ver directamente con tu causa todo el tiempo. No he conseguido nada aún, Sammur, pero sigo llamando a la puerta y tengo la esperanza de poder incluso romperla un día no muy lejano para liberarte, y liberar a Razan, Wael y Nazem.

Y en primera y última instancia, sigo en la lucha porque tú me necesitas, me necesito a mí fuerte el día en que regreses.

Te espero. Solo cuídate, te lo ruego.

Besos, corazón mío.

Yassin